Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo.

Eduardo Galeano

Para prevenir el maltrato hacia niños, niñas y adolescentes y promover una cultura de Buentrato en el continente es necesario aunar los esfuerzos cotidianos de quienes están comprometidos con esta tarea. La dimensión del problema, en vez de paralizarnos, puede motivarnos a buscar soluciones de forma conjunta.

En este sentido, la Red Latinoamericana y Caribeña de Campañas de Buentrato conforma un valioso espacio que vincula organizaciones con una preocupación y motivación compartidas, y con una herramienta común, como es la Campaña de Buentrato. Este aspecto es muy importante, dado que para que una red funcione, es necesario que tenga un sentido común y práctico.

La red articula organizaciones diversas, y es allí donde radica su riqueza y potencial. Organizarse en red supone valorar la identidad y heterogeneidad de sus integrantes y considerar que la diversidad posibilita un intercambio enriquecedor para cada uno de sus miembros.

La interdependencia de la red supone la cooperación, el intercambio dinámico y la complementariedad de sus miembros. Por eso, participar de una red es un acto voluntario que requiere disposición a compartir y recibir.

La participación en una red supone la convicción del valor de las relaciones y de la sinergia que produce el trabajo en red, posibilitando la “potencialización de los recursos que poseen [los miembros]y la creación de alternativas novedosas para la resolución de problemas o satisfacción de necesidades. Cada miembro del colectivo se enriquece a través de las múltiples relaciones que cada uno de los otros desarrolla, optimizando los aprendizajes al ser estos socialmente compartidos”.[1]

La forma en que la red se estructure dependerá de qué necesiten sus miembros para vincularse e interactuar. Las redes se construyen en una horizontalidad que permite vincular personas y organizaciones y supone el acceso de sus miembros a la información y al conocimiento, la participación en la toma de decisiones y la contribución de recursos en un sentido amplio.

La participación en redes permite tejer posibilidades y construir nuevos caminos para la transformación de la realidad, reconociendo y afirmando que la sociedad es transformable, producto de nuestras prácticas, de los vínculos y las acciones que realizamos con otros.[2]

[1]Elina Dabas, “Redes sociales, familia y escuela” (1.aEd. 1998), Editorial Paidós, 2003.

[2] Basado en “Redes y participación”, un trabajo inédito de Lilián Gregorio y Mario Villarreal (Argentina).